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ACERCA DEL ARTISTA:

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Rodríguez Vivas, Guillermo Enrique. Quito 22-VI-1923.

Guillermo Rodríguez es una gloria del Ecuador, requintista y compositor. Nació en Quito el 22 de Junio de 1923, en el tradicional barrio de San Roque. Sus padres fueron Eduardo Rodríguez y doña Zoila Vivas, con quienes vivió en un hogar lleno de amor y alegría junto a sus ocho hermanos. Estudió en la Escuela de los Hermanos Cristianos de “El Cebollar” y se graduó de contador en La Mercantil.
Desde sus años mozos sintió una fuerte inquietud por la música, su primer maestro fue su tío Humberto Rodríguez Garrido, hermano de su padre y gran ejecutante del bandolín, con el que dio sus pininos en el arte musical.  

Especialmente dotado para la música, a los doce años de edad integraba ya la estudiantina Independencia, en donde tocaba el bandolín. Son memorables las virtuosas interpretaciones del exigente pasillo Reír llorando, en el afamado Teatro Sucre de la capital ecuatoriana, por una figura menuda, de cuyas manos brotaba ya a raudales el innato talento que lo acompañaría toda su vida.

A los veinte años conformó su primer conjunto musical Los Troveros Criollos, junto a Luis Romero, Gonzalo Moncayo y César Baquero, con quienes grabó el pasillo Dolor del Alma para el sello Orión.

En esa época, Guillermo Rodríguez dividía su tiempo entre la música, su trabajo como contador en el Banco del Pichincha y luego en la casa de cambio MM Jaramillo Arteaga. Entonces, relata Guillermo, fue cuando don Manuel María Jaramillo Arteaga lo puso inapelablemente en la senda de la música: “Usted es un magnífico empleado, pero tiene que escoger: su guitarra o su escritorio”. Y la contestación fue inmediata y categórica: “Gracias, don Manuelito, me quedo con mi guitarra”. 

Luego integró el afamado grupo Los Barrieros con los grandes maestros Huberto Santacruz, Carlos Bonilla, Gonzalo Carrasco y Rodrigo Barreno. Famoso conjunto musical de aquella década, cuyos trompetistas Carrasco y Barreno, oriundos de la parroquia de Quimiag, provincia de Chimborazo, en el año 1947 se radicaron en Quito en donde iniciaron su actividad artística junto a Santacruz en el piano y Rodríguez en la guitarra; con tanto éxito que sus primeras grabaciones causaron un gran impacto en la ciudadanía y desde entonces se han mantenido vigentes. Sus discos incluyen las mejores composiciones musicales del Ecuador hasta la presente fecha. A lo largo de más de sesenta y cinco años, no han logrado ser imitados con la misma calidad y características, prodigio de sus creadores.

Son recordadas sus presentaciones en radio Quito, bajo el auspicio del presentador y animador Jorge Carrera.

Guillermo Rodríguez ingresó al mundo del disco, y acompañó a los grandes y eternos de la canción como doña Carlota Jaramillo, creando maravillosos y perpetuos arreglos como el del pasillo Sendas distintas de Jorge Araujo.

En varias ocasiones, y siendo parte de una gran compañía, como la de Ernesto Albán, con quien, junto al dúo Benítez Valencia y Nelson Dueñas, participó en la película En la mitad del mundo, de Mexiscope.

Innumerables grabaciones y presentaciones con el Ruiseñor de América y las Hermanas Mendoza-Suasti nos hablan del reconocido talento que cultivó el nuestro del requinto ecuatoriano. 

Guillermo Rodríguez participó así en la época de oro de la música vernácula ecuatoriana, que constituye hasta hoy el sello de identidad de este pequeño y hermoso país.

En 1952 se radicó en México, junto a los hermanos azuayos Carlos y Rafael Jervis Vicuña, con quienes integró el más afamado trío musical del Ecuador en el exterior: Los Embajadores, grupo de exquisitas voces y brillantes arreglos musicales, que difundió con éxito la música nacional por el mundo.

En la época de oro del bolero, este incomparable trío ecuatoriano brilló a la altura de los inmortales tríos Los Panchos, Los Diamantes, y Los Tres Ases, y alternó con solistas de la talla de Jorge Negrete, Juan Neri, Marco Antonio Muñiz, Pedro Infante, Pedro Vargas, en tres giras, presentaciones y grabaciones magnetofónicas que le dieron fama continental.

En la memoria colectiva han quedado fijadas las interpretaciones ya clásicas de los pasillos Sombras y Romance de mi destino, del albazo Dolencias, de los boleros Perfidia, Amor Secreto, Mil Besos, Espinita, entre otros, con el estilo irrepetible de Los Embajadores.


 

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